sábado, 14 de enero de 2017

Nota "MACRI Y EL POPULISMO DE DERECHA". Diario "Página 12". Buenos Aires. 14/01/17.

Norberto Alayón - Profesor consulto (UBA). Autor del libro Asistencia y asistencialismo.
Los conservadores, los liberales, los socialistas “juanbjustistas”, los anarquistas, los “izquierdistas” siempre se opusieron y cuestionaron firmemente las medidas populistas que, progresivas aunque no totalmente suficientes, adoptaron el yrigoyenismo, el peronismo y su expresión más reciente el kirchnerismo en favor de los sectores más postergados de la sociedad.
Los “izquierdistas” critican al populismo porque éste no tiende a erradicar el sistema capitalista. Se muestran incapacitados para comprender la progresividad histórica de los movimientos nacionales y populares en los países dependientes como los nuestros.
Por su parte, los conservadores (la derecha, como la que hoy gobierna la Argentina) lo critican y abominan del mismo porque, aún incompletamente, defiende más los intereses de los sectores populares.
Aunque malsano, resulta absolutamente coherente que los sectores de privilegio hayan desplegado una demonización sistemática -a través de sus diarios, de sus radios, de sus canales de televisión, de sus intelectuales y académicos orgánicos- del concepto y de las políticas populistas.
Sin embargo, cuando estos sectores conservadores acceden al gobierno no dejan de asumir medidas populistas, aunque con objetivos cualitativamente diferentes. ¿Podríamos hablar, entonces, de la existencia de un “populismo de izquierda” (progresivo) y de un “populismo de derecha” (conservador). Creemos que sí, por lo siguiente:
Una cosa es la adopción de medidas populistas por parte de gobiernos que asuman, de manera estructural, el combate (aunque parcial) del fundamentalismo capitalista, preservando, ampliando y construyendo derechos para las mayorías; y otra, muy distinta, las medidas populistas que adoptan los gobiernos conservadores (como el neoliberalismo actual) que, a la par de representar y defender obscenamente los intereses de los sectores más privilegiados del sistema, generando más pobreza y excluyendo a más población, despliegan políticas asistencialistas en la perspectiva de la mera contención social, del control social y del disciplinamiento. La asistencia se transforma en una suerte de práctica bondadosa y caritativa y desaparece toda idea de derechos para el pueblo en su conjunto.
En el gobierno actual, mientras se avanza brutalmente con la pérdida de derechos (económicos, sociales, humanos, culturales) se mantienen ciertas políticas populistas, las cuales adquieren -al no articularse con procesos estructurales de defensa del bienestar general- un mero sesgo asistencialista.
Cuando las autoridades y los referentes más destacados del PRO-Cambiemos (y aún sus adláteres más degradados e inimputables) afirman, dentro y fuera del país, que se terminó el populismo en Argentina, ¿qué quieren decir? Avisan, en concreto, que ellos están restaurando las posiciones y las políticas más conservadoras, en contra de las mayorías populares.
Con descaro, cínicamente, disfrazan el discurso, adjudicándole todos los supuestos males al populismo de los proyectos nacionales y populares, mientras continúan ellos con las prácticas populistas, pero de derecha.     

miércoles, 4 de enero de 2017

EN CONTRA DE BAJAR LA EDAD DE IMPUTABILIDAD
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Hacia 1997 escribí una breve nota (“Adolescencia: violencia y castigo”), posteriormente publicada en el libro “Niños y Adolescentes” de Editorial Espacio, la cual se relaciona con las propuestas actuales (una vez más reiteradas) de bajar la edad de imputabilidad.

En dicho texto expresábamos:

“Pareciera que cuando se habla de violencia, de aumento de la violencia, la asociación más rápida y directa que hace la sociedad está referida al castigo necesario para controlar dicha violencia, para reprimirla, para que no prolifere.

Menos frecuente, o más tedioso para algunos, resulta volver a pensar acerca del por qué de la violencia, de los orígenes sociales de la misma, de modo de alejarnos de concepciones “biologicistas” y de los impulsos de revancha primaria que nos suelen invadir.

Esta sensación y percepción primaria, poco elaborada e irreflexiva, a menudo gana el pensamiento y la acción, ya no sólo se los sectores frontalmente reaccionarios y punitivos, sino también el pensamiento de muchos de nosotros, ante la incertidumbre, la indignación y el miedo que nos producen determinadas acciones delictivas, especialmente las que implican la pérdida de vidas humanas.

La primer pulsión, entonces, nos encamina a la ecuación violencia-castigo; más violencia-más castigo; violencia precoz-reducción de la edad de imputabilidad, para el castigo precoz.

Pensamos más en reprimir que en prevenir. La prevención constituye una acción madura, reflexiva, moderna. La represión, por el contrario, encarna posiciones de mero revanchismo, de disciplinamiento socialmente diferenciado, de enmascaramiento de posiciones racistas.

¿A quiénes se castiga más en nuestras sociedades? A los más pobres, a los más desprotegidos, a los más estigmatizados. Los sectores sociales más vulnerados, ante la ausencia de oportunidades, son virtualmente impelidos a la delincuencia y luego son los más severamente castigados, configurando un férreo “círculo vicioso”, acerca de lo cual la sociedad no puede eximirse (cándida o hipócritamente) de responsabilidad.

La criminalización de la pobreza no es una ficción; es una terrible constatación cotidiana y no sólo de esta época. Todos sabemos que, a menudo, se detiene y se encausa a las personas por mera “portación de cara”. Y cuando esa persona registra más de una causa (no importa si la misma fue instruida indebidamente o aún si fue absuelta) ya queda estigmatizada como “antisocial” o delincuente.

Una sociedad cabalmente moderna no debe ser impropiamente permisiva, pero tampoco puede admitir -si se precia de democrática- la vigencia de criterios inequitativos para la administración de la justicia.

Ni más castigo, ni aumento de las penas, ni más cárceles, podrán combatir eficazmente la violencia, si no se ataca a ésta en sus orígenes, en las causales de índole estructural que sobredeterminan su presencia creciente.

Los castigos más severos, las condiciones indignas y medievales de reclusión, la pena de muerte, no resuelven los niveles de delincuencia y de violencia. Precisamente porque se abandona el lúcido y necesario ejercicio de ahondar en el origen de estas problemáticas (que indudablemente es social y no individual) para poder enfrentarlas en su génesis más significativa.

Cada tanto las sociedades pretenden “limpiar” su propia responsabilidad e impotencia y salen despavoridas a buscar “chivos expiatorios” para redimirse momentáneamente.

Por eso la prevención, que requiere de activas políticas públicas -tanto globales como puntuales- debe asumirse como el instrumento más idóneo para la disminución de la violencia.

Si aumenta la violencia en una sociedad, más que enloquecernos punitivamente para ver en cuánto aumentamos las penas o hasta donde bajamos la edad de imputabilidad (hay quienes irresponsablemente hablan de los 12 años), tendríamos primeramente que preguntarnos en cuánto aumentó la pobreza, en cuánto aumentó el desempleo y el subempleo, en cuanto se flexibilizaron y redujeron los salarios, en cuánto se debilitaron los derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, a la seguridad social. Es ahí donde tenemos que buscar y atacar las causas principales de la violencia y no meramente en los efectos últimos, aunque éstos resulten trágicamente horrorosos.

La sociedad tiende a olvidar o desestimar el profundo significado de violencia que entraña el padecimiento de pobreza cotidiana. La realidad de la pobreza, en sí misma, es profundamente violatoria y violenta.

Conviene aclarar que no nos sumamos a esas posiciones discriminatorias y estigmatizantes, que relacionan mecánicamente el aumento de la pobreza con el aumento directo de la violencia. Y que entonces -desde esa asociación sesgada- concluyen en que los pobres son los principales delincuentes. La mayor relación de los pobres no es con la criminalidad, sino con la criminalización de la que son objeto.

Convivimos, a diario, con la violencia del desempleo, con la violencia de los salarios insuficientes, con la violencia de las familias pauperizadas, con la violencia de los niños y adolescentes sin escolaridad, con la violencia de la desnutrición y la mortalidad infantil, con la violencia de las viviendas insuficientes, con la violencia de los niños de y en la calle, con la violencia del tráfico y venta de niños, con la violencia de los narcotraficantes impunes, con la violencia de las mafias emparentadas con los altos poderes, con la violencia del despojo a los jubilados, con la violencia de la justicia no independiente, con la violencia de la ostentación obscena de los enriquecidos vertiginosamente.

Si vivimos en este marco de violencia, ¡qué tanto asombro y alharaca cuando un chico comete un acto violento! ¿Nos molesta como sociedad porque el espejo nos devuelve la imagen de lo que somos? ¿Ansiamos encarcelarlo, hacerlo desaparecer de nuestra vista, si es adulto aplicarle la pena de muerte, en una réplica miserable del acto instintivo de los gatos cuando intentan ocultar su propia excrecencia?

Demasiado sanos son todavía nuestros adolescentes, y especialmente los más pobres, quienes sometidos a una violencia estructural sin parangón, no reaccionan en idéntico sentido y con igual intensidad.

Si los adolescentes no están en la escuela o en el trabajo, ¿dónde están?, ¿qué hacen?, ¿cómo y de qué viven?  Seguramente ansiarán ir a bailar, asistir a una cancha de fútbol, fumar, tomar una cerveza, invitar a su novia, tener relaciones sexuales. Si no tienen autosustento y sus padres no los pueden apoyar económicamente, ¿asumirán dócilmente verse privados de estas actividades propias de su edad, mientras simultáneamente están inducidos, por la cruda lógica del mercado, al consumo indiscriminado de lo útil y de lo innecesario? ¿procesarán racionalmente la certera percepción de que no tienen presente, ni futuro, en este modelo societario de exclusión?

Cabe que nos interpelemos acerca de qué tipo de sociedad estamos construyendo, para que luego, cuando estemos frente a la terrible desgracia de que un niño o un adolescente mate a otra persona, no salgamos despavoridos a buscar razones biológicas o genéticas en los “niños asesinos”, a tratar de penalizarlos más severamente o a intentar bajar la edad de imputabilidad para esos delitos.

La delincuencia y los delitos se construyen socialmente y luego, sólo en el eslabón más débil de la cadena, se aplican los castigos individuales, como una mágica creencia de haber solucionado el mal o para aliviar nuestra conciencia por lo que no hicimos oportunamente para prevenir.

Los adolescentes y los niños expresan y reconstruyen, con sus comportamientos, las características de la sociedad en la que viven.

Las sociedades que asumen modelos político-económicos con un gran componente de violencia estructural (como la pobreza, por ejemplo), terminan cosechando lo que siembran. De ahí que la clave es la prevención y no el castigo.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

"LOS 1.000 CENTROS DE MACRI" - Nota publicada en la Revista "La Tecl@ Eñe" - Buenos Aires - Diciembre 28 de 2016.




LOS 1.000 CENTROS DE MACRI

Norberto Alayón
Trabajador Social. Profesor Consulto de la UBA

El presidente Mauricio Macri prometió abrir 1.000 Centros de Primera Infancia en todo el país, en el curso del año 2016.

Lo hizo el 14 de abril del corriente año, en ocasión de presentar el Plan Nacional de Primera Infancia, en un acto llevado a cabo en el Centro de Desarrollo Infantil “Chispitas” del barrio Villa Zagala, del partido de San Martín en la provincia de Buenos Aires.

En dicho acto estuvieron presentes la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, el virtual viceministro de Desarrollo Social, Gabriel Castelli, el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, la secretaria nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, Yael Bendel, el intendente del partido de San Martín, Gabriel Katopodis, y el secretario de Desarrollo Social de San Martín, Oscar Minteguía.

En su peculiar estilo discursivo, entremezclando distintos tópicos y deseos de imprecisa conexión, Macri manifestó que “Lo que más nos interesa en el mundo es lo que va a pasar con nuestros hijos. Y quiero que en este camino estemos juntos. Hacia una Argentina más integrada, con menos exclusión. Donde eduquemos a nuestros chicos a trabajar, a respetar la ley. Una Argentina donde no haya impunidad y donde progresemos a partir de nuestro esfuerzo personal”. Sin dudas, todo un catálogo de diversas aspiraciones con una hilación difícil de interpretar.

Ampliando su enfática promesa, el jefe de Estado declamó que “Estamos comprometidos a construir 4.000 espacios de Primera Infancia”, antes de que finalice su mandato en 2019.

El Centro “Chispitas”, donde se llevó a cabo el acto de lanzamiento del Plan Nacional, recibió, el 23 de junio, la destacada visita de la “primera dama” argentina, Juliana Awada y la “segunda dama” norteamericana, Jill Biden (esposa del vicepresidente de los Estados Unidos), acompañadas ambas por la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. La Agencia Oficial Telam difundió la foto del significativo evento, donde se observa a Jill y a Juliana sentadas en una silla frente a once niñas y niños que las observan desde el suelo, junto a Carolina, mientras les muestran un libro en idioma inglés en cuya lámina se puede leer: “Then Lucy discovered a green beetle”. No resulta fácil poder verificar qué habrán podido aprender los niños de esa breve y promocionada visita, con foto incluida, de las tres ilustres “damas”.

El Programa de Centros de Primera Infancia (CPI) se creó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el año 2009. Existen, en la actualidad, 64 de estos Centros en la CABA. El último fue inaugurado por el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el 4 de mayo pasado en el barrio de Pompeya. El 13 de julio de 2015, Rodríguez Larreta prometió que “Vamos a llegar a los 100 CPI en toda la ciudad”, en un acto en el que fue acompañado por Mauricio Macri, Gabriela Michetti, Diego Santilli y Carolina Stanley.

Extrañamente, en la página web del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación no figura ninguna información acerca de la cantidad de Centros de Primera Infancia existentes y su distribución en las distintas provincias del país. Por lo cual la promesa presidencial de los 1.000 Centros en 2016 y los 4.000 para el 2019 resulta de difícil constatación y comparación. Por lo pronto, cabría saber, finalizando ya este año, si la promesa de Macri de los 1.000 Centros se concretó o fue simplemente un ampuloso anuncio incumplido de engañosa propaganda “populista”.

Sobre livianas y exorbitantes promesas, aviesas ellas, cabría recordar que, en 1996, el entonces presidente Carlos Saúl Menem, realizó también una fantástica promesa que luego -como tantas otras- no cumplió. Dijo, el execrable ex presidente: “Dentro de poco tiempo se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual desde una plataforma, que quizás se instale en Córdoba, esas naves van salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegirán el lugar donde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podremos estar en Japón, Corea o en cualquier parte del mundo y, por supuesto, más adelante en otro planeta si se detecta vida”.

Es de desear, por el bien de la infancia en particular, que la promesa de Macri de los 1.000 Centros esté cumplida y que se pueda demostrar fehacientemente. Y que ninguno de esos Centros esté ubicado y funcionando en la estratósfera.  


SALÍ EN LIBERTAD
Prof. Norberto Alayón 

Hoy, 23 de diciembre, hace ya 40 años, salí en libertad. Me había puesto preso la dictadura cívico-militar-eclesiástica, iniciada en marzo de 1976, por pensar distinto a ellos.
Básicamente, los mismos sectores y actores que apoyaron esa terrible dictadura hoy apoyan y sostienen el proyecto conservador del PRO-Cambiemos. “Ellos” están ahí; “otros” o “nosotros” estamos “acá”.
En el “ahí” y en el “acá”, se expresan y se despliegan, aún complejamente, distintos proyectos de sociedad y de país. Aunque sin propiciar simplificaciones dogmáticas, siempre -en concreto-  ante las grandes propuestas y disyuntivas societales, uno opta por estar “ahí” o por estar “acá”.

Algunos están y siguen estando “ahí” y otros -aún con los 40 años transcurridos- estamos “acá”. Y además, modestamente orgullosos y alegres de seguir estando “acá”, a pesar de este triste período de grave retroceso que estamos viviendo en Argentina.  

sábado, 3 de diciembre de 2016



Presentación del libro “NO a la Argentina conservadora” de Norberto Alayón. En Posadas, en la Universidad Nacional de Misiones (Aula Magna - Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales). Martes 6 de Diciembre de 2016 a las 18 horas.
SE AGRADECE COMPARTIR. 

viernes, 28 de octubre de 2016

Nota "LOS AMIGOS MAURICIO TRUMP Y DONALD MACRI".
En Revista "La Tecl@ Eñe" - Buenos Aires - 27 de octubre de 2016.

http://www.lateclaene.com/norbertoalayn-c808

Según el testimonio de Gabriela Cerruti (en su libro “El Pibe” del 2010) “Mauricio Macri y el misionero Ramón Puerta (actual embajador argentino en España) se conocieron en la Universidad Católica de finales de los setenta, cuando buscaban su título de ingeniero. Tenían la misma edad y la misma pasión por las niñas jovencitas. Desde entonces se hicieron buenos amigos y solían compartir desde viajes por el mundo a negocios fabulosos en la provincia de la que Puerta fue tres veces gobernador.
Puerta fue bautizado por Carlos Menem como “el alumno más aplicado del modelo” y tuvo el récord de haber privatizado el Banco de la Provincia de Misiones, que su abuelo había fundado.
Ramón Puerta se dedicaba a disfrutar los placeres de la vida en sus plantaciones cuando Mauricio Macri ya visitaba Misiones con su padre para ver avanzar las obras de la represa Yacyretá. La construcción de la represa fue decidida por el gobierno peronista en 1973, pero su licitación se entregó en plena dictadura militar a un consorcio integrado, entre otros, por IMPRESIT-SIDECO.
Yacyretá fue terminada recién en 1998 y acumuló causas judiciales y comisiones investigadoras por los precios exorbitantes que terminaron pagándose por sus obras; la utilización ilegal de mecanismos de reembolso, como los de la promoción industrial, que fueron adjudicados a los consorcios extranjeros mediante falsa documentación, y las denuncias de ambientalistas y hasta el Banco Mundial por la afectación a la zona, a los ríos, las Cataratas del Iguazú y el desplazamiento de más de cuatro mil familias que vivían en la zona.
Los sobreprecios por Yacyretá y las maniobras de dilación fueron tan exorbitantes, que tuvo la rara paradoja de ser nombrada por el presidente Carlos Menem (que sí poseía buen conocimiento de estos temas) como “el monumento a la corrupción”.
M.Macri llegó a cambiar su domicilio y fijarlo en Misiones para poder acceder tanto a votar a su amigo, como a participar de todas las contrataciones del Estado que exigían residencia en la provincia.
En algunos años, las empresas de Mauricio Macri se hicieron cargo de la construcción del puente Posadas-Encarnación; la fábrica de Celulosa Puerto Piray (que quedó a medio construir y fue adquirida así por el Citibank); el asfaltado de la ruta 12 que accede a Cataratas del Iguazú; la pavimentación de la ruta 103; y el asfaltado de la pista del Aeropuerto de Apóstoles.
El gran negocio para SIDECO fue la construcción de la represa Urugua-í, que no sólo copió el modelo de generación eléctrica de Yacyretá sino también el esquema de pagos y reembolsos. La obra presupuestada en 80 millones de dólares costó finalmente 300 millones y terminó en una causa por defraudación y estafa contra el gerente del emprendimiento, Néstor Grindetti, quien iba a ser luego ministro de Hacienda de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires. (Grindetti es actualmente el intendente de Lanús en la provincia de Buenos Aires y titular de cuentas offshore no declaradas, en los “paraísos fiscales” de Panamá).
Mauricio logró hacerse acreedor del contrato para construir la costanera de Posadas, un paseo con vista al nuevo espejo de agua de la ciudad, que formaba parte del plan de obras post-Yacyretá. La costanera se convirtió en un lugar de paseo obligado de los misioneros y en un chiste ineludible: “Cada metro de la costanera cuesta más que un metro de subterráneo en París”.
Si Gregorio Chodos ofició de padrino y protector en su vida privada y empresaria, y Nicolás Caputo de amigo todo terreno en las buenas y en las malas, fue sin duda Ramón Puerta el gran jefe, compinche, consejero, de Mauricio Macri en su carrera política. Tanto fue así que Macri pensó seriamente en iniciar su carrera política como candidato a diputado nacional por Misiones en el año 1999, acompañando la lista que llevaba a Ramón Puerta de candidato a senador.
Si puerta le abrió a Mauricio Macri su estancia, sus consejos políticos y la obra pública en Misiones, Mauricio le llevó a la provincia un contacto inestimable: el magnate Donald Trump se hizo cargo del Casino, el primero privatizado del país. Trump se asoció para esto a Miguel Egea, ese oscuro personaje del menemismo relacionado con ex represores de la Escuela de Mecánica de la Armada.”  

Rodrigo Lloret, en el Diario Perfil, menciona que “los empresarios Trump y Mauricio, devenidos en políticos, se conocieron cuando el argentino tenía 24 años y el norteamericano 40. “Es una larga historia, de hace mucho tiempo. Fue cuando tuve que cerrar un negocio familiar en Nueva York”, le dijo Macri a la cadena estadounidense CBS, cuando le preguntaron por sus vínculos comerciales con el republicano. En esa entrevista, transmitida para los Estados Unidos, Macri reconoció que las gestiones que tuvo que realizar con Trump representaron su debut en los emprendimientos internacionales.
La historia fue revelada en Estados Unidos en la biografía del magnate neoyorkino, titulada Trump: The Deals and the Downfall (Trump: los negocios y la caída), escrita por el periodista Wayne Barret, que realizó investigaciones para Newsweek y también fue docente de periodismo en la Universidad de Columbia.
Desde 1979 hasta 1984, el Grupo Macri quiso construir conjuntamente con el Grupo Trump un edificio de 150 pisos en Nueva York, sobre una propiedad que Franco Macri había comprado en el lado oeste de Manhattan. El Proyecto Lincoln West no prosperó, pero generó una muy buena relación entre los empresarios y, con el tiempo, Trump empezó a visitar a sus amigos argentinos para alojarse en la quinta Los Abrojos -el refugio que Macri tiene en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas-, o en la mansión que la familia del ex presidente de Boca tiene en Punta del Este.
“Me encanta Buenos Aires, es una hermosa ciudad. Conozco grandes hombres de negocios en la región, como Macri. Es un buen tipo”, confesó Trump en 2012 al diario La Nación, cuando anunció una inversión de 100 de millones de dólares en la Trump Tower, construida, precisamente, en Punta del Este. “Conozco a los dos (Macri), al padre y al hijo, que ahora es jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Me caen bien y creo que son una gran familia.”
El 31/7/15 , Laura Cortés escribió en InfoBaires 24  “el periodista norteamericano Joe Goldman, quien vive hace varios años en el país y se desempeña como corresponsal y productor de ABC News, se refirió a la biografía no autorizada del magnate ultraderechista Donald Trump, escrita por su amigo personal, Wayne Barrett. Allí, Barrett revela los estrechos vínculos de Trump con la familia Macri; tanto con Franco como con el ahora candidato presidencial por el PRO, Mauricio.

“El grupo Macri intentó hacer negocios contruyendo un edificio de 150 pisos en Nueva York sobre una propiedad que Franco había comprado en el lado oeste de Manhattan”, contó Goldman.
Efectivamente, a principio de los ’80, la familia Macri, enriquecida durante la dictadura cívico-militar que se encargó de estatizar su deuda, decidió globalizar su negocio comprando propiedades en la ciudad de Nueva York. “Macri Group” adquirió el 65% de Lincoln West, el predio más importante y caro de toda la isla de Manhattan.
El empresario estadounidense había sido su dueño hasta 1979, cuando se desencadenaron una serie de protestas vecinales y quejas de urbanistas por la insólita idea de erigir un edificio de semejante tamaño. Por eso, Trump utilizó a los Macri como fachada, mientras él tramitaba los cambios de ordenanzas, leyes de vivienda, medio ambiente y demás, que estaban frenando su millonario negocio.
El pequeño hijo del empresario Macri, de por entonces 21 años de edad, se involucró personalmente en el proyecto faraónico que desarrollaron las empresas de manera conjunta. Por esa razón, cuando Trump vino a la Argentina, en 1984, “Mauricio Macri fue el encargado de hacer el tour para él, incluyendo un asado en el campo y golf con Donald Trump y su esposa Ivanna”, precisó Goldman.
En definitiva, ese fue el debut de Macri hijo en los negocios familiares. El periodista norteamericano agregó, además, que Trump “no es muy bien visto en los Estados Unidos por sus vínculos con gángsters y con la mafia de Nueva York y Atlantic City”. Pero si hay algo que tienen en común los dos candidatos a presidente, es su claro tinte xenófobo, su impronta conservadora y neoliberal y su larga lista de turbias amistades.”
Juan Cruz Sanz, en Infobae del 27/9/16, hace referencia al libro de Franco Macri del 2013 (“Charlas con mis nietos”), en donde se puede leer: “Estábamos con Mauricio en Nueva York en medio de difíciles negociaciones con Donald Trump por Lincoln West, un proyecto inmobiliario que pretendimos realizar y que terminamos vendiendo a Trump por 95 millones de dólares en diciembre de 1984.”
El 25/9/16, en la publicación “Nuestras Voces”, Gabriela Cerruti escribe una nota titulada “Buenos Muchachos”, donde expresa que “Mauricio Macri y Donald Trump prefieren no recordar sus años juveniles en Nueva York, cuando compartieron negocios, relaciones con la Cosa Nostra y megaproyectos inmobiliarios. Los vínculos de Trump con la mafia se colaron en la campaña electoral, y Macri conoce bien el tema. Alguna vez recibió de manos del hoy candidato republicano un cheque por ciento cincuenta millones de dólares.
El secreto mejor guardado entre Donald Trump, Mauricio y Franco Macri es qué sucedió en aquella suite del Sherry Netherlands Hotel en la que sellaron un acuerdo de negocios y silencio. Mauricio se quedó con un cheque de 150 millones de dólares y la amistad perpetua del magnate de la televisión norteamericana. Trump, con un negocio inmobiliario en West Manhattan y la promesa de inversiones en la Argentina.
“Me acuerdo lo que me impactó ese cheque”, recuerda el ahora Presidente argentino. “Me acuerdo que cuando vi esa cantidad de ceros pensé: nunca más voy a ver un cheque así en mi vida”. Fue el primer gran negocio de la Familia que quedó en manos de Mauricio y el intento de los Macri por hacer pie en la intrincada Manhattan de los años ochenta. Pero Nueva York, y en particular el negocio inmobiliario, el de la recolección de residuos y el de los juegos de azar, estaba dominado en ese momento por las cinco familias de La Cosa Nostra. De la mano del alcalde Edward “Ed” Koch, Trump llevaba adelante en ese momento proyectos inmobiliarios y se quedaba con los principales casinos de la ciudad.
Fue Koch, precisamente, uno de los nexos entre Macri y Trump. Alentado por los millonarios negocios que hacía en la Argentina durante la dictadura militar y con muchos dólares para sacar del país, los Macri llegaron a Nueva York para asociarse con Waste Managment Inc y formar Manliba, la empresa de recolección de residuos con la que se privatizó por primera vez ese servicio en la ciudad de Buenos Aires durante la intendencia militar del brigadier Orlando Cacciatore.
Waste Managament Inc y SIDECO también incursionaron como sociedad en el negocio en Brasil, quedándose con ENTERPA AMBIENTIAL SA de Brasil durante el mismo período en que FLEG TRADING ponía los 9,3 millones de dólares para adquirir la parte de SOCMA AMERICANA en OWNERS. Waste Managment Inc. fue investigada por sus vínculos con las cinco familias de La Cosa Nostra, principalmente los Genovese, y treinta y dos de sus principales directivos terminaron en prisión.
El encargado de abrir las puertas a los Macri en ese mundo ítalo neoyorkino fue Giorgio Nocella, un amigo que llegó de la mano del Avvocato Giovanni Agnelli, uno de los hombres más poderosos de Italia en los años ochenta. Agnelli, Capo de la Fiat, presentó a Nocella y Macri, y desde entonces pasaron a formar una Familia en la que compartían cumpleaños, negocios y sociedades offshore. Varias de esas sociedades son las que han aparecido recientemente en los Panamá Papers y los Bahamas Leaks que han publicado diarios de todo el mundo, como “Página 12” y “La Nación en la Argentina.
Nocella llevó a Sideco y los Macri a Venezuela, para incursionar en el negocio del petróleo y las autopistas, y allí conocieron a Diego Arría, intendente entonces de Caracas y hoy ferviente opositor al gobierno de Hugo Chávez, y a Abraham Hirschfeld, un sofisticado personaje centro de relaciones políticas, empresariales y mafiosas en los Estados Unidos. Ese grupo de negocios es el que desembarcó en Nueva York para intentar el sueño americano aliados con Donald Trump.
Alentados por haberse quedado con el negocio de la basura, Franco envió a Mauricio Macri a instalarse en los Estados Unidos para llevar adelante su proyecto inmobiliario. Se trataba de un complejo de torres en Penn Station, una vieja playa de maniobras de ferrocarriles en la zona Noroeste de Manhattan. Las tierras habían sido adquiridas por Trump y Hirschfeld en un principio, pero era necesaria una ardua negociación con la política local para conseguir la rezonificación del lugar y el crédito para financiarlo.
Trump le vendió entonces su parte a los Macri que se asociaron con Hirschfeld, conocido como “el señor garaje” porque había adquirido todos los terrenos fiscales y baldíos de Nueva York para convertirlos en playas de estacionamiento. En el final de la década del 90, Hirschfeld terminó finalmente en prisión, condenado por haber contratado un sicario para asesinar a un socio, y desde allí mandó matar también a la jueza que seguía su causa. Un poco después, fue el primero en proponer a Donald Trump como candidato a presidente.
Macri llevó como asesor para el emprendimiento a José Alfredo Martínez de Hoz. Debían armar una ingeniería financiera que permitiera obtener un préstamo del Chase Manhattan. Al mismo tiempo, trataban de convencer a la opinión pública progresista de la ciudad para que no se opusiera a la construcción de torres y para despegarse de la imagen del grupo argentino cercano a los militares que se había instalado en la prensa del lugar como el Village Voice, que publicaba permanentemente artículos en contra de la incursión macrista.
Un personaje inesperado se sumó al grupo: de la mano de José López Rega y su vínculo con Licio Gelli, el ex secretario de Vivienda de Isabel Perón, Juan Carlos Basile, comenzó a oficiar de nexo con los sindicatos de la construcción y las Familias. “Mauricio me llamó a Buenos Aires, nos encontramos en el edifico Catalinas y le dije: ustedes creen que porque conocen las Familias italianas tienen todo cerrado. Pero Nueva York es distinto, son cinco grupos y tienen repartidos los negocios”.
Con la ayuda del alcalde Koch y muchos millones distribuidos en prensa, propaganda, sindicatos y concejales, el proyecto finalmente fue aprobado. Pero el Chase Manhattan, que tenía que otorgar el crédito para la financiación, exigió que se sumara un “emprendedor reconocido” y allí volvió Trump a escena. Fueron meses de negociaciones en los que Mauricio terminó haciéndose íntimo amigo.
 “Yo creo que me ayudó en esa negociación la audacia de mis veintipico. Trump era loco, caprichoso, y yo llegaba tarde a las reuniones, se las cambiaba de horario. No, Donald, salgamos con chicas esta noche y mañana reunámonos a la tarde…”, cuenta Mauricio. Trump vino varias veces a Buenos Aires, donde se alojaba en la quinta Los Abrojos de los Macri en Malvinas Argentinas y en Terrazas de Manantiales. También recorrió Misiones, donde años más tarde lograría de la mano del actual embajador en España, Ramón Puerta, quedarse con la privatización del primer Casino privado de la Argentina.
En algún momento, la negociación fracasó. Trump no se sumó al proyecto sino que volvió a comprar la parte de Macri con ese cheque en esa reunión. Franco siempre creyó que había un acuerdo entre Mauricio y Trump para que ellos llevaran adelante todo el trabajo y la inversión para conseguir la aprobación del proyecto y la rezonificación y devolvérselo al ahora candidato republicano.
Junto a la publicación de The Washington Post también un libro en Buenos Aires vuelve sobre la oscura relación de Trump con Mauricio Macri. A veinte años de su secuestro, Natasha Niebieskikwiat sostiene que Franco Macri estaba convencido que era una venganza de Trump. Tanto que así se lo dijo al entonces embajador de Estados Unidos en la Argentina, Terence Todman, que le sugirió que contratara a un investigador ligado a la CIA, Mike Akerman. El ex “topo” de la Central de inteligencia americana es desde entonces el hombre encargado del espionaje y la seguridad de Socma, y estuvo implicado en la causa de las escuchas ilegales cuando Mauricio Macri era jefe de gobierno.”   


Gabriela Cerruti, Rodrigo Lloret, Laura Cortés y Juan Cruz Sanz dan cuenta inequívoca acerca de los estrechos vínculos entre estos oscuros personajes, empresarios millonarios, norteamericano uno y argentino el otro, volcados a la política, asumiendo proyectos marcadamente antipopulares .                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

lunes, 24 de octubre de 2016

“EL INDEC DE MACRI” 

“El Indec de Macri y otros organismos del área económica-laboral que difunden estadísticas están ocupados en distorsionar la realidad anterior y actual con el objetivo de confundir el análisis presente y reescribir la historia pasada reciente. Para ello el manoseo de las estadísticas es una de las principales armas, esta vez con el apoyo del FMI y de profesionales críticos del Indec kirchnerista y que ahora no se animan o no quieren observar las maniobras del Indec macrista”.
Por Alfredo Zaiat – Diario “Página 12” – 23/10/2016

El 1º de enero de 2016 yo escribí una breve nota, luego publicada en el libro “NO a la Argentina conservadora” (Editorial Espacio-2016), con el título “El gobierno de Macri y el Indec”. Ahí consignaba, entre otras consideraciones, que:

“Jorge Alberto Todesca, designado por el gobierno neoliberal de Mauricio Macri como nuevo responsable del INDEC, era (o tal vez siga siéndolo) titular de la consultora privada Finsoport Economía & Finanzas. Con muy pocos empleados, para la empresa que se proponía, el hoy nombrado titular de este Instituto oficial, fue uno de los principales impulsores del denominado “IPC Congreso” que difundían todos los meses distintos diputados nacionales de la oposición. Lo hacían en los salones del Congreso Nacional y los diarios opositores, varios de ellos indisolublemente ligados a la dictadura cívico-militar-eclesiástica de 1976, los propalaban con importante despliegue periodístico y las fotos con los cartelones que preparaban para tal fin.
Quien lideraba estas escenas mediáticas era la diputada Patricia Bullrich, que hoy ascendió al cargo de ministra de Seguridad de la Nación. También en estos programas mensuales posaban para la foto otros diputados, algunos inefables: Eduardo Amadeo, Paula Bertol, Carlos Brown, Pablo Tonelli, Federico Sturzenegger, Alberto Asseff, Ramona Pucheta, Ricardo Gil Lavedra, Juan Pedro Tunessi, Patricia Giménez, Cornelia Schmidt-Liermann, Patricia de Ferrari, Elsa Alvarez.
Al respecto, Patricia Bullrich con su estilo usual, afirmaba que se creó “una institución de verdad en oposición a las cifras mentirosas del INDEC”. Con singular audacia, caracterizó como “institución” a algunos datos opinables proporcionados por empresas privadas opositoras al gobierno”.